domingo, 15 de abril de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
Érase una vez un tal Comic Chat #cybercult
Era el año 1998, lo sé con certeza porque yo estaba cursando décimo grado y fue tal vez el año rebelde de mi adolescencia, hijo de padres separados, supe lo que fue dejar el nido materno y explorar las nuevas posibilidades de vivir con el progenitor, como poder acostarme más tarde o simplemente, disfrutar del flamante computador Hewlett Packard multimedia que acababa de comprar y que venía con una novedosa herramienta para mi mundo llamada internet.
¡Mijo, sálgase de internet que necesito usar el teléfono! Decía mi padre con cierto mal humor cada que tomaba el auricular y por supuesto yo le contestaba ¡ah, me lo desconectó!, menos mal que también tenía el cd-rom de Encarta 97 para seguir en mi precoz y creciente pasatiempo de mirar y mirar una pantalla.
En ese entonces internet a mi me servía para bajar fotos de mis grupos favoritos y navegar por sus primitivos sitios web para encontrar letras de sus canciones, o para buscar ilustraciones de El Señor de los Anillos, a eso se limitaba, pero recuerdo que un primo me recomendó Microsoft Comic Chat, un novedoso programa en el que podía conversar, o como aprendí a llamarlo, “chatear” con personas del todo el mundo a través de una herramienta que simulaba gráficamente un comic, y que a modo casi de una obra de teatro se actuaba según el personaje determinado y a medida que se conversaba, se generaban las viñetas del comic y crecía la conversación misma.
La principal motivación de este chat, lanzado en 1996 era representar visualmente una conversación, para poder tener un registro no sólo textual sino gráfico, en el que tomaba una nueva importancia la manera en que se podían expresar emociones por medio de gestos o expresiones propias del comic, que incluso se podían imprimir o guardar como una pequeña representación artística de las conversaciones. Pensemos en la importancia que tienen los emoticones hoy en día en un chat, creo que no somos capaces de expresar alegría sin usar un :), ¿o sí?
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| http://www.digitalspace.com/avatars/cchat.html |
Al ingresar a una variedad de salas de chat en las que yo siempre escogía un extraterrestre, podía experimentar algo que para mi era absolutamente nuevo, tener contacto con personas que no conocía a través de una pantalla, reitero, hace 14 años esto era una novedad en mi mundo.
Para hablar en términos actuales, este chat era un IRC (protocol for real-time Internet text messaging) y brindaba la posibilidad de escoger un “avatar” predeterminado e ingresar a foros de diferentes categorías para entablar conversaciones con personas de todo el mundo. Sólo bastaba escoger dicho personaje y escribir los diálogos en una casilla para que éstos automáticamente se adaptaran en al formato de comic y fueran apareciendo a medida que avanzaba la conversación. Existían entonces diferentes tipos de globos o bocadillos para diferenciar los estados de ánimo o para hacer diferentes énfasis, así como herramientas para cambiar de fuente.
A diferencia de los chats que conocemos hoy en día, no existía la posibilidad de personalizar los amigos y contactos, el Comic Chat se limitaba a brindar diferentes foros o salas en las que prácticamente a ciegas se ingresaba a esperar que otro usuario contestara y entablar así una conversación. Recuerdo que muchas veces me pasaba varios minutos hasta que alguien me contestaba y de hecho a veces no eran amigables, ya que algunos me consideraban un forastero y me “obligaban” a abandonar el chat.
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| http://kurlander.net/DJ/Projects/ComicChat/resources.html |
Considero pertinente para el tema que nos encontramos tratando en la materia cibercultura, la inmersión en el ciberespacio y, qué mejor manera de introducir este tema que compartiéndoles esa experiencia que hace tantos años era tan novedosa y que hoy en día puede parecer tan trivial, es decir: chatear ¡pfff!. ¿Quién quisiera de hecho representar sus conversaciones en línea con dibujos o viñetas e imprimirlas para tener un recuerdo de ellas cuando estamos en la era de las comunicaciones virtuales en las que podemos mirarnos a través de la pantalla en tiempo real? No sé, ahí les dejo la inquietud.
viernes, 24 de febrero de 2012
Quiéreme tienda.
Haga click en el enlace para escuchar la canción:
Quiéreme tienda.
Cover de "Love me tender" de Elvis Presley.
lunes, 20 de febrero de 2012
A Propósito de Ciencia Ficción, música y Cyberpunk. #cybercult
Kraftwerk - Die Roboter (1978)
Es común en nuestros días escuchar en las bandas sonoras de las películas de ciencia ficción una sonoridad concordante, interconectada y con ciertos parámetros afines. Esto se debe principalmente a una exploración de muchos músicos desde muchos géneros distintos, sea desde la Academia y la música incidental pura o desde la música Rock y el Pop, entre otros. Incluso para aquellos que no tienen ningún interés en la música más allá de escucharla en bandas sonoras y, en casos identificarse con ciertos tipos de géneros, la música en las películas de ciencia ficción, especialmente en aquellas que tocan la temática cyberpunk ha sido contundente y con un alto grado de recordación en los imaginarios colectivos.
He aquí algo que me interesa mucho y quiero ahondar en el tema, la música y sus repercusiones no sólo en el cyberpunk, sino en la ciencia ficción y en la cultura popular. Son innumerables melodías, ritmos y Loops (patrones rítmicos repetitivos) que quedan en la memoria colectiva de las personas, basta con preguntarle a alguien que haya vivido la década de los ochentas por la serie Automan y es muy probable que tararee la sencilla melodía de 5 notas o, para hablar de cosas más recientes, si le preguntamos a alguien por Matrix, probablemente no pensará en una canción en particular, pero sí es probable que describa unas guitarras distorsionadas, voces alteradas digitalmente y baterías rápidas y ruidosas, típicas del Rock Industrial, tan relacionado con la cultura pensará en una canción en particular, pero sí es probable que describa unas guitarras distorsionadas y baterías rápidas y ruidosas típicas del Rock Industrial, tan relacionado con la cultura cyberpunk.
Es en este punto en el que quiero introducir una banda de culto no sólo para la cultura cyberpunk, sino para la cultura “robótica” y toda la música electrónica en general, pioneros como pocos en su génreo, influenciando incluso a las bandas que hoy en día son referentes e íconos del Pop mundial, esta banda es Kraftwerk.
Originarios de Dusseldorf y liderados por Ralf Hütter y Florian Schneider, Kraftwerk desde sus inicios combina una música estrictamente electrónica minimalista con ritmos repetitivos y armonías simples y utilizando en su mayoría instrumentos hechos en casa, acompañado de una estética robótica y artificial, de especial auge a principios de los años setenta y que encontró su máximo apogeo en la década de los ochenta. Pioneros del género electrónico, Kraftwerk popularizó la utilización de vocoder o computer-speech software, con el fin de dar un aire mucho más robótico a su música, absolutamente innovador para su tiempo.
Otro aporte importante de dicho grupo es la utilización de forma exploratoria del por ese entonces innovador sintetizador, instrumento que para ese entonces comenzaba a ser utilizado por artistas pero de forma muy esporádica, Kraftwerk lo acoge como elemento indispensable y a partir del cual se generaría toda su música.
Además de su música minimalista y sus sonidos que imitaban circuitos y robots, la parte visual de Kraftwerk es determinante. Sus integrantes siempre mantienen una apariencia de robots o a veces de maniquís, convirtiéndose en íconos no sólo musicales sino figuras de la moda y la cultura pop europea, principalmente.
Cabe destacar sus discos “Autobahn” (1974), Radioactivity (1975), Trans-Europe Express (1977), Computer World (1981) y Electric Café (1985).
Recomendado!!!
sábado, 18 de febrero de 2012
lunes, 13 de febrero de 2012
viernes, 3 de febrero de 2012
Por la vereda tropical
Son las ocho y media de la noche y la crónica que debo escribir para mañana no da muestras siquiera de existir como idea o como intento fallido, así que me dispongo a salir a caminar en compañía de mi feroz perro, con la esperanza de que el mismo paseo nocturno, para nada habitual, se convierta en dicha historia aunque, pensándolo bien, es poco probable porque no creo que suceda mucho en las calles del residencial barrio El Poblado.
Debo aclarar que por feroz perro me refiero a Humo, un tierno e inofensivo Schnauzer al que no saco a pasear casi nunca ya que, como digo yo, trabaja de perrito en un preescolar en horario extendido y probablemente a las dos cuadras, si es que en El poblado se les puede llamar cuadras, se va a querer devolver. En fin, con mi ipod en modo paseo, es decir con “música metálica” a todo dar, mi fiel compañero y yo damos por iniciada nuestra empresa por la loma de mi barrio que, según me dijo un amigo alguna vez, es tan empinada que por allí se desnuca hasta una culebra.
Inmediatamente salgo del edificio, siento que el paseo va a dar sus frutos. No es lo mismo pasar todos los días de la vida por allí en carro que hacerlo a pie; la inclinada loma se torna bien distinta cuando se pasa de andar en primera y con el aire acondicionado a ser arrastrado calle abajo por un desesperado perro que busca el árbol más cercano para “pegarse” la primera de muchas orinadas. No llevamos ni veinte metros cuando nos encontramos con el primer obstáculo: no hay acera.
En su desespero, como todo perro chiquito, Humo me arrastra loma abajo, por la calle y en medio de una camioneta de esas de accionista de alto riesgo que, afortunadamente, parece no tener afán ya que no va a más de 40 kilómetros por hora. A unos diez metros, decido que es momento de pasar al otro lado, en donde sí hay acera, muy bonita por cierto, de esas en alto relieve para los invidentes; entonces miro que no vengan camionetas grandotas, feas y cruzamos la calle esperando que dicha acera nos lleve por lo menos hasta la Loma de El Tesoro, una importante vía en la que desemboca mi mencionada calle.
Afortunadamente para mi historia, no llevo ni el equivalente a dos cuadras cuando nos encontramos, por segunda vez, sin acera y es que aparentemente caminar por El poblado es un divertido y riesgoso juego de zigzag. Hemos llegado a la vía principal y los carros bajan cómodos por su calle. Humo, como presintiendo el peligro, empieza a devolverse y se niega a caminar a pesar de mis tirones, tanto así que me toca cargarlo y empezar a caminar por una canaleta, incómodo, perro en brazos, reflejándome en las ventanas cerradas de los carros, en búsqueda de la próxima acera y sintiéndome como un perfecto candidato para la portada de Vivir en El Poblado.
Fueron otras dos aceras inconclusas y una pasada de calle obligada con Humo a cuestas ante el riesgo de ser atropellado hasta llegar a la Transversal Inferior. Pareciera que las calles de El Poblado estuvieran perfectamente diseñadas para aquel que tiene carro y, si es de los grandes esos, mejor. Será que las aceras son exclusivamente para las empleadas domésticas y los obreros que se dirigen todos los días a sus obras desafiando el peligro, como si sus trabajos no fueran lo suficientemente riesgosos, o para uno que otro aventurado caminante, como si se tratara de un deporte extremo con algún sofisticado nombre en inglés, como “extreme urban hiking” o algo por el estilo.
Bueno… pensé que una vez en la Transversal Inferior no me encontraría más con este problema, ya que por allí sí se ven personas caminando con perros grandes y finos y también me acuerdo mucho de los interminables trancones del año pasado para reformar dichas aceras, pero no fue así; una vez dejo atrás el Mall Piazza Bella, me encuentro ante el nombrado inconveniente.
Siguiendo en la dinámica de paseo investigativo, me tomé la molestia de caminar unos cuantos metros con los ojos cerrados, jugando a que era ciego y que Humo era mi lazarillo que siquiera tiene trabajo de mascota en el preescolar porque resultó pésimo; entre tirones del perro, tropiezos y salidas del sendero, debo confesar que uno sí alcanza a sentir en los pies los distintos tipos de relieves, pero como buen tramposo supe abrir los ojos cuando presentía que se acababa la acera, muy bien delimitada por unos puntos bajo mis zapatos que luego se convertían en nada, en calles y en carros.
¿De qué vale tener aceras bonitas para invidentes si a unos metros se terminan sin aparente razón? Por lo menos yo puedo buscar la acera más cercana, que en este caso se encuentra pasando la calle y puedo perfectamente cruzarla corriendo, saltando, dando vuelta canelas, perro en brazos o no; pero ¿qué harían un anciano o un discapacitado?, supongo que caminar hasta una cebra y pasar por allí, pero desde el lugar en donde me encuentro, el cruce peatonal más cercano no se alcanza a ver y significaría devolverse.
En fin, para no extenderme mucho en mi texto, voy a contarles que desde mi casa en la calle 6, bajando por la Loma de El Tesoro, tomando la Transversal Inferior, subiendo por la Loma de Los Parra, en donde vuelvo a tomar la citada loma con nombre para piratas para arribar a la Transversal Superior y llegar nuevamente al “desnucadero” de culebras que es mi casa, me encontré en siete oportunidades caminando acorralado entre el barranco y los carros o ante la necesidad inminente de cruzar la calle; que no es para nada fácil cuando, no se disponen de cruces peatonales suficientes y los carros hacen caso omiso de los límites de velocidad porque ya saben en dónde disminuirla y engañar a las cámaras de las fotomultas.
También me encontré con dos amigos subiendo en bicicleta, con luces de seguridad en las llantas y en los cascos, con un perrito feo de esos ñatos que igualmente olfateó a Humo y se le escapó a una señora. Descubrí, además, unas escaleritas perfectas para fumar marihuana, que no es que yo sea marihuanero, pero sí tengo algunos amigos que lo son y siempre comentan entre sí que se encontraron un sitio “el verraco para fundir”; entonces, a uno como que se le pega la costumbre y siempre que veo un lugar así pienso para mis adentros y me imagino a cualquiera de mis amigos allí sentado, aunque no los entiendo si al fin y al cabo resultan fumando en cualquier parte, pero eso ya será asunto de otro relato.
Así termina mi interrumpido viaje de una hora por las calles de mi barrio, que está hecho para carros, motos y algunos buses, pero no para peatones. Pienso que si le gastan tanta plata transformando las aceras existentes en bonitos y útiles caminos aptos para invidentes, sería muy bueno que también se encargaran de construir unas nuevas aceras, para darle continuidad a un paseo que, de no ser por tanta interrupción mientras se logra cruzar las calles en búsqueda de dichos senderos, sería perfecto; y, de ser así, seguramente dejaría muchas veces el carro en el parqueadero para salir a caminar con mi trabajador perro.
martes, 20 de diciembre de 2011
domingo, 11 de diciembre de 2011
martes, 6 de diciembre de 2011
Gordos Project La Teoría del Big Band
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| Gordos Project y La Teoría del Big Band, Teatro Lido 17 de diciembre 6:30 p.m |
lunes, 7 de noviembre de 2011
domingo, 6 de noviembre de 2011
Buen viaje.
Hay tantas maneras de desear un buen y feliz viaje que, aunque es evidente que la frase ha perdido poder, todavía funciona Desear un buen viaje es querer que el destinatario cumpla todos los propósitos para los cuales se tomó tantas molestias justificables, es también desearle al viajero muchas felicidades y que sus problemas queden atrás -si es que existen- una vez se suba al avión, bus, carro, motocicleta, chalupa o burro; en lo personal creo que se aplica mucho más al avión, en ese momento en el que se apaga el celular y, si se viaja solo, mirar por la ventanilla el reflejo de uno mismo significa pensar que la vida tiene a partir de ese momento, uno de tantos minicomienzos maravillosos que se pueden vivir pocas veces. Es decirse a uno mismo “cuando regrese seré, no necesariamente otro, pero sí diferente, mejorado”.
Desear un buen viaje es en muchas ocasiones sentirse orgulloso de que el aventurero tenga la valentía y el coraje de adentrarse en terrenos ajenos, en menesteres que no a todo el mundo le interesan y que reflejan claramente una personalidad intensa y en permanente búsqueda de experiencias significantes para el futuro, que es el mismo mañana o dentro de unas horas. Esto se aplica a viajes de intercambio, de trabajo, o por placer, eventualemente.
Desear un buen viaje es también es demostrar o insinuar que una vez el destinatario haya partido en su viaje, el lugar de origen quedará abundando en ausencia; en otras palabras, que mientras dure la ausencia, ésta será evidente como el tic tac de un reloj viejo, de esos que aunque nos acostumbremos a su repicar, en caso de apagarse se siente inmediatamente un vacío en el aire.
Desear un buen viaje es todo esto y mucho más, depende del destinatario y del remitente claro está, depende del tiempo o depende simplemente de querer desear tal experiencia y mucho mejor si dicho viajero no espera tal manifestación.
Por último y no menos importante, desear un buen viaje es, en buena parte, desear un buen volver*.
*El asterisco aplica en especial para el caso del autor,¡ buen viaje Sara!
miércoles, 26 de octubre de 2011
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